Me despisté la tercera semana de agosto. Demasiados días ociosos. Así que fui a ver Enemigos públicos porque, por extraño que parezca, las películas de Michael Mann me relajan. Son opiáceas. No la comenté con nadie.
Me he aficionado a Mad men porque es como calmar la vista curiosa a través de una mirilla y me gusta, pero no la comento con nadie. Los americanos saben bien cómo vender la manzana. Más publicidad, he empezado La caza del carnero salvaje, de Murakami. Voy diseccionando libros, películas, series de televisión o canciones en un extenso monólogo interior.
Estas semanas, los días parecían inflarse como globos. No he visto una nube. Y he jugado al póker algunas noches. Gané siempre. Pensé en aquello de afortunada en el juego.. y en que mi hermano me recomendó Lucky you. Me aburren los refranes con sus rimas y sus juegos de palabras ridículos. Los proverbios japoneses están cargados de lirismo.
Y estoy sin ordenador. He pensado mucho, he ido deshaciéndome de ideas e ilusiones caducadas -era momento de hacer limpieza-, he renovado planes y proyectos que quiero ver de cerca, cumplirlos y estoy casi de vuelta. Aún quedan por atar un par de cabos.
Y estoy sin ordenador, así que os dejo esta nota en el frigorífico.